Durmiendo sola

durmiendo sola No es lo mismo dormir sola, que hacerlo entre tus brazos, que abrigan y arrullan, consienten y extrañan.
No me quiero acostumbrar a no tenerte junto a mí. Los primeros rayos del Sol acarician mi cara, sonrío, amanecí una vez más, estiro mi pierna esperando que mis pies fríos toquen los tuyos y hagas esa mueca de molestia cada vez que te despierto, pero nada, hoy no hay pie ni hay mueca. Lo pienso un segundo y vuelvo a sonreír, ya no duele, es ahora solamente el hábito que me ha formado el tiempo, el recuerdo constante de un amor maravilloso, la esperanza dormida de que un día regreses, pero ya no duele.
Puedo estirarme con calma, y seguir disfrutando ese abrazo cálido que me regala el Sol esta mañana. Al fin que, es sábado, y tengo todo un día de sensaciones por delante.

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