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Mostrando entradas de octubre, 2016

De príncipes azules y otros cuentos.

Era pequeña y tenía instalada la idea de que los besos que recibiera siempre serían de amor. Nunca me detuve a pensar que esa especificación: 'de amor', era importante.
¿Por qué alguien te besaría si no te amaba? No sabía que había más besos y que no todos sabían a amor. Que había sexo, conformidad, pena, venganza y tantas otras cosas detrás de lo que para mí, no era más que la expresión máxima del amor.  Que había besos para cada persona y para cada ocasión. Que a veces llegaban como postre y a veces como consolación.
Mis primeros besos eran de amor. Besaba con mi boca, mis manos y mi corazón. ¿Cuántas veces no me lo rompí por esperar lo mismo? Perder el sentido y hacer lo de todos. Perder el camino y volverlo a encontrar. Besar con mis ojos y mi cintura. Ir con todo el corazón. Querer(te) hasta explotar.

Impermanencia.

Hubo un momento en que él era todo en mi vida: mis sueños, mis sonrisas, mis secretos; y se fue, y lo lloré por meses, y lo extrañé por más. Un día no era más que un recuerdo. Al final todo pasó.  Al final está de vuelta, y no lo es todo, pero está y estoy feliz.  No hay nada que el tiempo no revuelva, y reacomode, y resane.
Fuiste todo en mi vida: el hueco entre mis dedos, mis nuevas experiencias, mis confidencias; y de repente, no más. Te desvaneces. Dudo de tu existencia y me cuesta creer que todo haya pasado. Y ya lloré una tarde entera. No quiero llorar más. ¿Será una tarde entera suficiente para decir adiós? ¿Qué tan largo es el adiós? En mi cabeza resuena el 'te digo adiós, y acaso te quiero todavía'... Todavía. Y tal vez para siempre. Me quedo las sonrisas, te regalo lo demás. No me sirve.