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Mostrando entradas de octubre, 2012

Despertar

Honestamente, el Sol nunca ha colado románticamente por mi ventana en las mañanas, ni su calor ha abrazado lentamente mi cuerpo. Menos a estas alturas del año, dónde parece que vivimos en un congelador gigante, en el que sólo podemos aspirar a una buena chamarra y que llegue el sol de mediodía, ahora sí, a abrigarnos por completo (tanto que la chamarra termina siendo cosa del pasado).
Por eso me gustan los domingos, quedarse en la cama hasta tarde nunca había sido tan hermoso.