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Intimidad.

Dejarte conocer mis lunares, mis manías y mis desastres.
Hacerte parte de mis días, dejarte entrar y salir a tu antojo.
Que sepas mis horarios y las palabras que me hacen enojar.
Abrir mis ojos a los primeros rayos del Sol y ver los tuyos.
Conocer los espacios que faltan entre tus dedos, para los míos.
Mirarte a los ojos y saber dónde está tu mente.


Poco a poco te vas olvidando de abrir tu corazón, de abrir la mente, de abrir los brazos, de abrir la boca, de abrir los ojos, hasta que un día ni la puerta puedes abrir. Y de repente -paff- la puerta se abre de golpe, apenas puedes voltearte para darte cuenta que todas tus paredes se han derrumbado de un portazo y tanta luz es cegadora, pero el Sol te calienta los hombros, la cabeza, los pies, el corazón, te derrites y no puedes hacer más que dejarte llevar.

Cada vez que no estás.

Desapareces.
No se de ti.
No te siento.
Me olvido de ti.
No es cierto. Se me hace un silencio. Algo me falta. No sé que hacer contigo, pero me sale mejor que estar sin ti. Me como mis palabras. Las paso por mi lengua. Por mi garganta. Insípidas. A veces amargas. Se escapan por mis ojos. Saladas. Cuelgan de mis pestañas. Espero a que un día de verdad no vuelvas. Espero. Que vuelvas para quedarte. Que vuelvas para siempre.

Me gusta escribirte.

A veces no tengo nada que regalarte, sólo mis letras. Me encanta escribirte. Hay días en que tengo el corazón lleno de felicidad y quiero compartírtela, me gusta cuando sonríes porque yo sonrío. Me gusta hablarte de nosotros, soñar con que vienen cosas mejores, sentir como tus dedos encajan con los míos. Luego me decepciono, pero también te escribo. Me divierte mentir, pero nunca lo hago en mis cartas, a veces son más mías que tuyas. Escribo muchas, como ésta, pero nunca te dejo leerlas. Quiero que sepas todo pero me gusta que lo adivines. Me gusta escribirte porque sé que lo aprecias. Cuando te escribo, te siento cerca. Me gusta tenerte cerca.

De cuando nos vuelve el amor propio.

Todo dura siempre un poco más de lo que debería.  Julio Cortázar 

Me gustaría pensar que siempre supo cuánto lo quería. Son tristes los finales, sobre todo en las relaciones, porque significa que nos cansamos de luchar, que en algún lado una parte sintió no hubo más que hacer, que no valía la pena seguir, y eso sólo puede ser triste. Siempre buscamos el lado optimista y lo que está por venir. Soy de esas personas que luchan por amor, a pesar de que duela y nos haga daño, me cuesta encontrar mis límites, me impacta cuando siento que los toco, y me impacta que me hagan llegar a ellos. Duele dejar atrás, pero siempre es lindo ir hacia adelante.