Impermanencia.

Hubo un momento en que él era todo en mi vida: mis sueños, mis sonrisas, mis secretos; y se fue, y lo lloré por meses, y lo extrañé por más. Un día no era más que un recuerdo. Al final todo pasó. 
Al final está de vuelta, y no lo es todo, pero está y estoy feliz. 
No hay nada que el tiempo no revuelva, y reacomode, y resane.

Fuiste todo en mi vida: el hueco entre mis dedos, mis nuevas experiencias, mis confidencias; y de repente, no más. Te desvaneces. Dudo de tu existencia y me cuesta creer que todo haya pasado. Y ya lloré una tarde entera. No quiero llorar más. ¿Será una tarde entera suficiente para decir adiós? ¿Qué tan largo es el adiós?
En mi cabeza resuena el 'te digo adiós, y acaso te quiero todavía'... Todavía. Y tal vez para siempre. Me quedo las sonrisas, te regalo lo demás. No me sirve.


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