caLcetines

Y bajó en calcetines y pijama por la escaleras … Oficialmente había amanecido, había comenzado un nuevo día y ella aceptaría lo que el destino tenía para ella.
Hacía muchos años que hacía lo mismo cada sábado, sin faltarle uno solo. Levantarse y así, con la pijama y el cabello revuelto, los ojos miel y los sueños frescos, bajaba a la cocina, registraba el refrigerador hasta encontrar algo rápido para comer, lo hacía y otra vez subía. Ella sabía que ya no era una niña, había crecido pero los hábitos son cosas difíciles de dejar y ése era el suyo y lo amaba.

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