A media huida


Parecía que cerrando la puerta los monstruos iban a desaparecer, pero no. 



Eran sus monstruos... ¿Cómo los iba a dejar encerrados? Ahí, comiéndose los unos a los otros. Al final, salía de la casa y los monstruos encontraban la manera de enredarse en su cabello, se colgaban de sus pestañas y le arañaban las ideas.

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